sábado, 27 de agosto de 2011

En busca de Cabo Verde (III)




No hace falta deambular más allá de los discos de MAYRA ANDRADE para captar dentro de los mismos similitudes –y querencias- con Marisa Monte. A saber: eclecticismo, comercialidad, solvencia vocal e identificación con la tradición. En el caso de la Andrade, con ese plus que en el fondo comprende buena parte de su cancionero que se ha inoculado de esa fragancia brasileña que le recorre por todos los costados. Un caso muy parecido al de NANCY VIEIRA, junto con Mayra la gran revelación de los últimos años y, definitivamente, también la otra confirmación y proyección de las islas. Pese al deslumbrante cromatismo de la portada de su disco más imponente –“Lus”-, éste comprende una colección de canciones especialmente reposadas, ergo arrebatadoras y determinantes. No ha habido más remedio que elegir esa “Verdade D’amour”, que condensa toda la ‘beleza’ y emoción del mundo en menos de dos minutos y medio. Me imagino que al penúltimo Caetano le iría como un guante, pero no más que la otra seleccionada, “Coração Vulcão”, por ejemplo.



Retornamos al bolero caboverdiano con la voz afónica de DULCE MATÍAS, tan discreta y otoñal como elegante y efectiva, de arrebato gradual. El “Tradicão” de GABRIELA MENDES es, de principio a fin, otro de los ineludibles de la última generación. Con su punto camaleónico en lo que se refiere a ritmos –contradanças, batuques-, yo me he dejado llevar –para no perder en ningún momento el tono de esta tercera recopilación- por uno de sus mornas y por la balada folk más irresistible que ahí se incluye.
MARIA ALICE tendrá que convivir por siempre con el sambenito de ser “la nueva Cesária”. Bienvenida la etiqueta si las continuaciones de “D'zemcontre” o “Tocatina” siguen conteniendo convincentes mornas o incluso sambas –“Velha Bichica” va de clasicismo carioca, con un punto vocal cercano a Ana Lúcia- como los que ella sabe muy bien (re)interpretar.



MARIA DE BARROS, como muchas de las anteriores, funde sensualidad de considerable voltaje y estilización con carisma escénico. Impregnada hasta lo más hondo de esa mágica predisposición que llaman “Morabeza” -‘hospitalidad’ en castellano-, que pone nombre por otra parte a su disco más celebrado. La misma que se le presupone a SÃOZINHA, animadora todoterreno, más que habitual en celebraciones de diversa índole como enlaces o natividades, que le canta a la tristeza –y todas sus manifestaciones- con una prestancia y naturalidad apabullantes. Canta a Eugenio Tavares, otro autor clásico referencial de la memorabilia natal.


En el capítulo de ausencias, tristemente he dejado fuera al gran y añorado Antoninho TRAVADINHA que es, junto con el mítico Garoto brasileño, uno de los guitarristas –y en este caso además violinista- preferidos de todos los tiempos. Y no precisamente por su virtuosismo –que lo posee-, sino por esa capacidad para hacer de sus temas pequeñas muestras de delicada orfebrería sin igual, fascinantes e inalterables en el tiempo. “Feiticeira De Côr Morena”, por ejemplo, donde caben todo tipo de ritmos e invenciones, así lo refrenda.


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sábado, 20 de agosto de 2011

En busca de Cabo Verde (II)




No esperen encontrar generalmente excesiva sofisticación en las letras de los artistas caboverdianos. Es más, los leiv motivs no son especialmente variados y giran casi siempre en torno los mismos temas: la nostalgia, el deseo de retornar a la patria común (Cabo Verde es, en esencia, un pueblo emigrante), el amor, la celebración de la vida o la dignidad del ser humano. De esto último habla, por ejemplo, el “Criolo Ca Tem Patron” de TITO PARIS. De dignidad laboral y, de paso, racial: social, en definitiva. De Tito es de quien he seleccionado más canciones –tres-, no porque se trate de mi favorito, sino porque no me he podido resistir a incluir otras tantas muestras de un tipo especialmente dotado para facturar canciones explosivas, hits en potencia mucho músculo y prestancia, contagiosas. Algo así como el equivalente al denostado Carlinhos Brown quien por otra parte, pese a la insufrible exposición mediática de hace unos años, sigue siendo unos de los compositores más solventes del Brasil contemporáneo. Además de “Criolo Ca Tem Patron”, la sensual “Preto E Mi” y la coladeira “No intende” son la representación de esta omnipresente figura, habitual en colaboraciones con casi todos los pesos pesados de la música de su país, además de cotizado autor de muchos de ellos.



JACQUELINE FORTES no entró en el primer volumen por problemas de espacio, pero pertenece más bien al sector de glorias veteranas. He elegido dos adorables y risueñas canciones de su más o menos reciente “Terra D'nhas Gente”, un disco con una especial habilidad para estribillos pegadizos, especialmente pop en casos como “Minina Nova”. TEOFILO CHANTRE, como en el caso de Tito Paris, ha sido durante mucho tiempo proveedor de buena parte del repertorio de, entre otros Cesária Évora, y para sus discos en solitario –donde la bossa nova, la canción francesa o el tango están más que presentes- se ha dejado llevar por la vena más intimista y delicada de sus composiciones, llegando a abusar en ocasiones de cierta indolencia interpretativa. Pero lo aquí expuesto tiene muchos quilates: el “Mãe pa fidge” que canta a medias con Cesária es punto álgido en su discografía y que, junto a “Vadiamundo” –con ese sabor portuario-, marcan un impasse introspectivo en mitad del baile.



En algún lugar entre el funk-pop y el morna se sitúa la potente voz de FANTCHA, muy exitosa y comercial ella, marcando siempre su propia tendencia. Las dos canciones por las que he optado se mueven en ambos extremos. LURA es otra realidad igualmente desde hace ya más de una década. Algo más clásica que Fantcha, con la que le une un registro vocal cercano –aunque algo más suave-, centra todos sus esfuerzos no solamente en el morna de rigor, sino en el bolero, como bien ejemplifica “Padoce de céu azul”.



Cierro con un pequeño epílogo dedicado a grupos caboverdianos, que no podían dejar de tener aquí su hueco. CORDAS DO SOL y SIMENTERA son ambas formaciones numerosas, centradas en el tradicionalismo y en la recuperación de viejas joyas de su folclore natal, convenientemente puestas al día. El segundo de estos combos estuvo liderado por el francotirador Mario Lúcio, con varios discos en solitario bajo mi punto de vista aún menores con respecto al grupo madre. “Dor Di Amor” es un diamante folk en toda su –gran- extensión.


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sábado, 13 de agosto de 2011

En busca de Cabo Verde (I)




El flechazo fue algo tardío pero seguro, circa 2006 con “Rogamar”. Después llegó Tito Paris, pero ha sido este 2011 el del aluvión personal y el del intentar poner poco a poco las cosas en claro. El influjo de estas islas es algo que ya no se puede parar. Este pequeño Brasil, apadrinado por el oeste lisboeta, el ‘charme’ francés y el romance caribeño no deja de producir, especialmente en los últimos veinte años de la mano de Cesária y su pionero arranque mediático, a músicos e intérpretes que ejemplifican a la perfección, con sobriedad y destreza, la natural mezcolanza de sonidos populares y maneras de ambas orillas del Atlántico. El morna, ese fado caboverdiano de tamiz tropical africanista, es la excusa, aunque bien entrecruzada con otros ritmos y pronunciaciones. Para los que no hemos llegado a sucumbir al fadismo continental, ese es nuestro remedio. Y mucho más.



Se trata de tres compilaciones sobre lo que, a juicio personal, es lo más interesante de la música cocinada en Cabo Verde o con indisociables vínculos con dicha denominación de origen. Por supuesto, ha habido criba: como ocurre en cualquier sitio, no es oro todo lo que reluce, aunque bien es cierto que han sido los menos los que han quedado fuera en el tiempo que me ha dado hasta hoy a sondear el terreno. Uno de los rasgos más marcados es el del poderío casi absoluto de la presencia femenina, por lo menos en lo que se refiere a la interpretación, sospecho también que independientemente de mi visión particular. No obstante, para un mayor conocimiento del material aquí expuesto, se recomienda visitar el blog de Afrocubanlatinjazz, fuente virtual indispensable de lo que ordinariamente se conoce por otra parte como músicas del mundo. Yo, como en todo, me limito a ser mera correa de transmisión de unos sonidos apasionantes y unas canciones fascinantes, sin ánimo alguno de sentar cátedra ni nada por el estilo. En todo caso, con el único y humilde objetivo de compartir este entusiasmo que ya no se puede atenuar.



Lo primero, los clásicos. O los más clásicos de entre los clásicos. BANA es figura señera ya desde la época colonial, y las canciones seleccionadas pertenecen a esos años, aunque ha seguido en activo hasta nuestros días, con un saber estar a prueba de bombas. “Fidjo de ninguem” y “Nossa signora da fatima” son dos coladeiras de fuerte conducta sonera, como buena parte del cancionero que este caballero ha venido interpretando desde entonces. El morna, en sentido más estricto, ya viene de la mano de TITINA que, auspiciada toda por el repertorio de B.Leza, uno de los compositores caboverdianos más importantes e inevitables –algo así como el equivalente isleño de monstruos como Noel Rosa, Wilson Batista o Ary Barroso-, se da un homenaje de góspel y sodade a partes iguales. Más dulce y aguda es la voz de CELINA PEREIRA de la que he elegido, entre otras, un “Ave Maria Do Morro” por tener esa guitarra con efecto tan pop y por fundirse con total naturalidad con ese “Ave maría” de Schubert, sin atisbo de bizarrismo o vulgaridad, algo muy común por otra parte cuando se juntan música “culta” y popular. De CESÁRIA EVORA sobran las presentaciones: figura capital e influyente, y una de esas voces que es capaz de levantar la canción más indefensa hasta las más altas cotas. He elegido dos clásicos, “Cize” y “Cretcheu di ceu”, incluidos en su merecidamente aclamado “Mar Azul”, aunque bien podría haber elegido cualquiera dentro de su ya más que dilatada discografía, incluso entre sus injustamente menospreciados primeros discos de reentré de finales de los ochenta, con cajas de ritmo y arreglos tipo “gitano con la cabra” que siguen sonando deliciosos, por otra parte.



Lo de HERMINIA es muy fuerte en todos los sentidos: cantó toda su vida por los rincones caboverdianos prácticamente olvidada, para grabar sólo un par de discos casi a final de su existencia, sobre todo el impresionante “Coraçon leve”, con esa garganta añeja ya de por sí, repleto de mornas mágicos y pintado con arreglos mínimos y elegantes. Sin lugar a dudas uno de los mejores discos de los noventa fue el de esta hechicera y ella es en sí toda revelación. ILDO LOBO, voluntarioso protector y difusor de la cultura de su país, lideró Os Tubaroes en los setenta y su temprana muerte provocó una conmoción en todos los estamentos sociales de las islas. Es poderoso y con un punto muy romántico en sus producciones. El “Viva vida” de ANA FIRMINO es una de esas joyas donde cabe un poco de todo pero siempre con criterio y desenvoltura. Ya lo dice uno de los estribillos más gloriosos de este genial disco: “Morna, batuque, coladeira, contradança, kabule e funaná”. Pero también, añado, pop o MPB de alto voltaje emocional y festivo. No obstante, me he centrado en sus mornas, por ser este estilo el predominante en la primera de las tres recopilaciones. Que la disfruten.


http://www.4shared.com/zip/SxcEB3vNce/En_Busca_de_Cabo_Verde_I.html

lunes, 1 de agosto de 2011

Se va mi sombra, pero yo me quedo, de Carolina Coronado




Leída malamente –no tanto por comprensión como por escasez de horas- y escuálidamente reeditada, sigue guardando uno de los secretos más insondables y fascinantes de la leyenda literaria de este país, el de Alberto, símbolo místico que hace por mantener la tradición de las eternas epopeyas sentimentales y ultraterrenas de los Dante y Petrarca de turno y que daría –por ir aportando ideas- para algún reportaje de investigación –aun siendo casi todo inventado: no importa- o para alguna película de rigor. Menos mal que en el remozado Museo Romántico de Madrid ocupa un lugar preeminente (algunos objetos personales, mayormente) y de paso merecido. De reunir sus obras completas ni hablar (en cualquier otro país civilizado donde valoren algo a sus heroínas ya estarían, lo juro). Volver a ver juntos, por ejemplo, a Safo o Santa Teresa con el susodicho Alberto, aunque sea de vez en cuando en un diálogo cogido por los pelos. Un poco de aquella manera:

“Cuál de su pensamiento la corriente,
Cortada estrechamente
Por el dique de bárbaros errores,
En pantano reunida,
Quedara corrompida
En vez de fecundar campos de flores!”

“Lecho de tierra y silencioso olvido
Solo del mundo la hermosura alcanza:
El estrecho sepulcro a do(nde) se lanza,
Los rayos borrará de haber nacido.

Cual sueño pasará, si el genio alzando
La poderosa voz no la eterniza,
Su cantar que a los siglos se desliza
Vida preciosa a sus cenizas dando”

“Safo aparece en la escarpada orilla,
Triste corona funeral ciñiendo:
Fuego en sus ojos sobrehumano brilla,
El asombroso espacio audaz midiendo.”


El segundo y tercer fragmento no están incluidos en la antología de Torremozas, para darle sentido a la reivindicación y puesta a punto de esta escritora liberal –entendido este adjetivo desde una óptica considerablemente diferente a como lo hacemos hoy mismo-, vibrante, tierna y encantadora.