viernes, 30 de enero de 2009

Harvey Williams







Diez años sin publicar canciones puede ser un mundo o simplemente el tiempo adecuado volver a encontrar respuestas. Puede ser el lapso para apoyar las palabras de Paul Buchanan, el hierático líder de The Blue Nile, cuando venía a llamar la atención sobre la cantidad de discos que se publicaban a lo largo de los años: “las futuras generaciones tendrán que hacerse un hueco entre ingentes pilas de cedés”, decía, años ha, para justificar los largos silencios entre disco y disco. Cuando Internet no era aún en el horizonte ese impacto brutal que es en nuestros días; una terrible premonición, eso si, transformada además en multitud de formatos -mp3 y demás-.

Harvey Williams debe pertenecer desde estos últimos diez años a esa corriente que, involuntariamente o no, parece haber tomado partido por no querer saturar en demasía a la gente con lanzamientos continuos y a menudo vanos. Su trayectoria, en realidad, habla de un músico muy cuidadoso, líder de los puntuales Another Sunny Day, amigo de sus amigos (ahí están sus colaboraciones con otros santones de su sello de siempre, Sarah Records, como son Blueboy o la banda de hacendado John Henry, The Hit Parade), e implicado al máximo cuando hay que serlo, unido de por vida a la saga de Bob Wratten, primero formando parte de su primer grupo importante, The Field Mice, y más tarde volviendo a acompañar en según qué momentos a los actuales Trembling Blue Stars.

También habla su biografía de un compositor portentoso, a la altura de cualquiera de los compañeros citados anteriormente. Dos discos breves, intensos, de tímida apariencia pero de una versatilidad cromática manifiesta, con unos arreglos –paradójicamente- casi inexistentes, pero mágicos en su propia sencillez. “Rebellion”, de 1994, es el primero de ellos. Un fascinante disco de dormitorio, comandado casi exclusivamente por el piano, aparcando las sonoridades que mezclaban el dream pop y lo shoegazer con New Order que tanto practicaran en The Field Mice o el impulso aguerrido de ASD. “Rebellion” es un suspiro, pero que queda para siempre. Comprimidos melódicos perfectos, algún instrumental certero, e incluso un amago de canción con un compás más rítmico, como ese maravilloso “Don't Shout At Me”. Esa clase de discos que tienen la virtud haberse cocinado en la más pura intimidad, ajena a cualquier interferencia exterior, llevados únicamente del puro ímpetu a la hora de realizar un hermoso e imperecedero trabajo de pop artesanal, emocionante y a la vez sofisticado. Estoy pensando en discos que aunque no tengan una inmediata concordancia con “Rebellion”, participan de ese estado único de desnudez instrumental pero infalible descarga sentimental y atmosférica, como “North marine drive” de Ben Watt o “Half a million” de Bill Pritchard. Todos ellos ejemplos maestros de la introspección post-moderna.

“California” (1999) es el segundo y último disco en solitario, hasta la fecha, de Harvey Williams. Como su título ya anuncia, se trata de un álbum más soleado, inclinado a sonoridades más ‘americanizantes’, con Brian Wilson y el sunshine pop en general en el punto de mira. De nuevo la garantía de una colección de canciones eternas, resistentes a los bandazos del tiempo. Otra prueba de talento, no solo para componer piezas excepcionales de clásica estructura, sino para trufarlas con los arreglos justos y necesarios.
Dos pruebas irrefutables de que este pequeño gran mito, amparado en la marca Sarah, debería haber trascendido mucho más allá de cuestiones nominales o de supuesto género (indie-pop) para servir de referencia entre los autores neoclásicos de los últimos tiempos. ¿Indolencia?. ¿Timidez?. Quizá un respeto inusitado por no traicionar la pureza del pop.

Sea como sea, la increíble oportunidad de disfrutar de muchos de estos trocitos de catarsis melódica mañana sábado, en lo que es la segunda fiesta de la iniciativa Pacific Street en Madrid.

Antes de Harvey Williams, y sobre el mismo escenario, el retorno de otro outsider vocacional: Charlie Mysterio, factótum de Los Caramelos, esta vez al frente de su nuevo proyecto Uccellacci e Uccellini. Siempre imprevisible, y haciendo honor a su apellido, seguro que entregará otra sorprendente y entrañable colección de canciones propias y ajenas, con el buen gusto que le caracteriza.

Todo esto, que no es poco, si crees en la magia. Evidentemente.



HARVEY WILLIAMS (Another Sunny Day / Londres) + UCCELLACCI E UCCELLINI (Madrid)

Sábado 31 de enero de 2009 a las 22:00

La Pequeña Bety: Calle Reina, 4 (Madrid)

Entradas: 10 € Anticipada (Cd drome Madrid) /12 € Taquilla